Por Manuel

El emperador Francisco José I de Austria (reinó del 1848 al 1916) nació en el Palacio de Schönbrunn y pasó los últimos años de su vida por entero en él. En 1918, tras el fin de la I Guerra Mundial, el palacio pasó a ser propiedad de la nueva república.
Es a partir de entonces que se convirtió en un museo de la vida de algunos de los Habsburgo más famosos que habitaron allí, como el mismo Francisco José I o su esposa, la emperatriz Sisí. Hoy en día se pueden visitar las estancias donde vivieron.
En la foto, el comedor donde la familia imperial cenaba cada noche.
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Por Manuel
El Palacio de Schönbrunn (Schloss Schönbrunn) y su gran parque se extienden al final de la Wienzeile, al suroeste de Viena. Antigua residencia de los Habsburgo, se erige majestuoso en un área donde anteriormente se erigieron hasta tres castillos, que fueron devastados en sendos incendios y asedios a Viena, el último en 1683.

La fuente hermosa
El emperador Matías II residió a partir de 1612 en el castillo que su hermano Rodolfo II mandó reconstruir en 1605, tras una incursión húngara. Durante una cacería, Matías II descubrió en los bosques una hermosa fuente (Schöner Brunnen) que acabó dando su nombre a todo el lugar: Schönbrunn. Pero la moda del palacio para la familia imperial comenzó realmente con Leonor de Gonzaga, mujer de Fernando II (1619-1637). La princesa italiana amplió el castillo y acondicionó el jardín para convertirlo en su residencia de verano, en la que dio espléndidas fiestas.
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Por Manuel
A partir del siglo XVI -y durante más de doscientos años-, dos imperios poderosos chocarían en Centroeuropa por el control del Danubio: el Imperio austríaco de los Habsburgo y el Imperio Otomano. Viena resultó ser uno de los principales escenarios del pulso entre estos dos titanes, y sufrió en dos ocasiones el asedio del ejército turco. Su casco urbano quedaría marcado para siempre.

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Por Manuel

En la actualidad, Viena muestra una inusual disposición de sus monumentos al visitante despierto: el relativamente pequeño centro de la ciudad (Innere Stadt), agrupado entorno a la vieja catedral de San Esteban, está rodeado por un gran anillo de amplísimos espacios, repleto de jardines y edificios majestuosos del siglo XIX, y más allá de este anillo hay otro con los principales monumentos del siglo XVIII.
Este plano tan particular se explica por las enormes fortificaciones que rodeaban la vieja ciudad durante la Edad Media y el Renacimiento. Las fortificaciones fueron construídas en el siglo XVI siguiendo patrones venecianos, y no se componían solamente de murallas, sino también de bastiones, rampas, y un gran foso.
Respondían a la necesidad de fortificar mejor la ciudad, ya que en 1529 ésta sufrió el primer asedio turco a manos del ejército del Sultán más célebre de la historia del Imperio Otomano: Sulimán I El Magnífico. Las inclemencias meteorológicas de aquel año y una preparación deficiente impidieron la toma de la ciudad, pero quedó claro que si Sulimán I se empeñaba en tomar Viena más adelante, no le sería muy difícil en las condiciones defensivas del momento.

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