
En la actualidad, Viena muestra una inusual disposición de sus monumentos al visitante despierto: el relativamente pequeño centro de la ciudad (Innere Stadt), agrupado entorno a la vieja catedral de San Esteban, está rodeado por un gran anillo de amplísimos espacios, repleto de jardines y edificios majestuosos del siglo XIX, y más allá de este anillo hay otro con los principales monumentos del siglo XVIII.
Este plano tan particular se explica por las enormes fortificaciones que rodeaban la vieja ciudad durante la Edad Media y el Renacimiento. Las fortificaciones fueron construídas en el siglo XVI siguiendo patrones venecianos, y no se componían solamente de murallas, sino también de bastiones, rampas, y un gran foso.
Respondían a la necesidad de fortificar mejor la ciudad, ya que en 1529 ésta sufrió el primer asedio turco a manos del ejército del Sultán más célebre de la historia del Imperio Otomano: Sulimán I El Magnífico. Las inclemencias meteorológicas de aquel año y una preparación deficiente impidieron la toma de la ciudad, pero quedó claro que si Sulimán I se empeñaba en tomar Viena más adelante, no le sería muy difícil en las condiciones defensivas del momento.

Leer el artículo completo