Jardines de Marrakech

Por Silvia

Marrakech es sin duda la ciudad más ajardinada de todo Marruecos. El inmenso palmeral ya es en si mismo un jardín, si le sumamos los numerosos pequeños jardines particulares que le dan ese toque verde a la ciudad, y los refrescantes jardines públicos como el de Majorelle, Menara o los de La Mamounia, que pertenecen al hotel, no nos faltarán lugares donde resguardarnos de las multitudes y el bullicio de los zocos.

Jardines de Marrakech

En Marrakech te sorprenderá el colorido de la ciudad, los más típicos de Marruecos: el rojo, el azul, el ocre, y a diferencia de otras ciudades, también el verde.

La Mamounia, un palacio de leyenda

Para entrar a algunos jardines como los del hotel La Mamounia hay algunas restricciones. No es necesario ser cliente del hotel, pero sí que se exige ir correctamente vestido. Si te apetece disfrutar de una tarde refrescante puedes aprovechar el paréntesis para tomarte un té en la terraza de la cafetería junto a la piscina y luego adentrarte en la espesura verde, perteneciente antiguamente al palacio del sultán.

Situado entre la Medina y la nueva ciudad de Marrakech, La Mamounia tiene todo el lujo y la magia de los palacios árabes. Es uno de los lugares más tranquilos de Marrakech, no en vano era uno de los hoteles preferidos de ilustres personajes como Roosevelt, Churchill, Hitchcok De Gaule o Edith Piaf.

Palacio Mamounia Marrakech

El palacio está rodeado por 7 hectáreas de jardines y en él se respira ese ambiente de punto de encuentro de sabiduría y grandes personalidades. Además de su frondosidad, una de sus ventajas respecto a otros jardines es que al ser privado es más tranquilo. Entre sus aromas, podrás disfrutar del refrescante y verde césped, del azahar de los naranjos, o el exotismo de las palmeras.

Palacio Mamounia

Estos jardines de los que hay referencias desde el siglo XII, ya se nombraban en las leyendas de las ‘Mil y una noches’. Aunque el palacio que tomó su nombre de los jardines se construyó más tarde, en 1923 y se ha ido adaptando a su tiempo tras sucesivas remodelaciones, aunque siempre conservando el encanto de la arquitectura marroquí. Actualmente está cerrado por rehabilitación, aunque se prevée que podrá volver a abrir sus puertas durante este año.

Jardín Majorelle

El pintor francés Jacques Majorelle se instaló en 1917 en Marrakech y solía pintar muchos de sus lienzos en este jardín. La propiedad fue comprada por Yves Saint-Laurent y Pierre Bergé, que restauraron los jardines y lo convirtieron en un paraiso reconquistado. Hayas, cactus, arbustos de papiro, bosques de bambú… Una increible profusión de plantas se extiende en el jardín, formando un encantador recorrido verde que contrasta con el azul de algunos edificios.

Jardines de La Ménara

Una gran avenida conecta el parque con La Mamounia y su lujoso palacio. Es un lugar atemporal, perfecto para darse un respiro y descansar de las multitudes, el bullicio y los zocos. Tiene un bonito pavellón de tejas verdes que se refleja en un envalse y a lo lejos, cerrando el horizonte se perfila la cadena montañosa del Atlas.

Este inmenso olivar se utilizaba en el siglo II para almacenar aguas destinadas al regadío durante el período almohade y sucesivamente, cada dinastía ha ido dejando su huella en el parque.

Jardin Menara

Jardín de l’Agdal

Se creó en el siglo XIX. Su nombre ‘agdal’ significa vergel y proviene del bereber. El lugar contaba antiguamente con un gran envalse destinado al riego y construído también en la época almohade. Es un jardín muy tranquilo abierto al público, aunque cierra cuando el monarca recibe invitados ya que se celebran encuentros en los pabellones de los alrededores.

Los habitantes de la ciudad lo frecuentan mucho sobre todo en verano, ya que conserva algo del frescor ante el agobiante calor de los meses veraniegos y es habitual ver a grupos haciendo pic-nic en el parque.

Foto 2. Autor: Dalbera
Foto 3. Autor: Camille.
Foto 4. Autor: Kali.ma



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1 opinión en “Jardines de Marrakech”

  1. Marc dice:

    Yo recomiendo los jardines Majorelle, que son muy bonitos.

    Y los de Menara quizás durante la tarde en el ocaso del sol cuando se puede observar mejor el Atlas nevado en el horizonte y se reflejan en el agua.

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