Delhi, puerta de entrada a la India

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Artículo correspondiente a la serie 'India'

Mucho nos habían contado, habíamos leído, investigado y curioseado alrededor de la fascinante cultura milenaria de India. Sin embargo, absolutamente nada ni nadie fue capaz de prepararnos ni física ni psicológicamente para hacer frente a la increíble aventura que tuvimos la oportunidad de vivir en el subcontinente. Salimos de España rumbo hacia lo desconocido, a lo exótico, temible y a la vez mágicamente misterioso y atractivo del país de las especias. Según iban pasando los minutos, las horas, los días, nos fuimos dando cuenta de que India no era tan sólo un destino, sino un auténtico estilo de vida y una singular cultura que no tiene parangón con ninguna de las que habíamos conocido antes. Para bien o para mal, India sorprende, emociona, cautiva, desconcierta, abruma…pero es incapaz de dejar a nadie indiferente, ejerciendo un poder seductor inigualable al que resulta enormemente difícil oponer resistencia.

@Doris Casares

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Nuestro primer contacto con India lo realizamos a través de su capital, Nueva Delhi. Estamos en un hotel que se cae a trozos y que está permanentemente en obras, en el bullicioso y popular barrio de Paharganj en la Vieja Delhi, lugar de encuentro de la mayor parte de los mochileros que aterrizan por primera vez en la capital. Entre 20 y 30 personas trabajan laboriosamente a diario para intentar reconstruir lo que, probablemente, acabarían más rápido derrumbando y construyendo de nuevo. Sin embargo, parece ser esta la filosofía de vida del indio: intentar poner su granito de arena en un mundo inmenso de más de mil millones de almas miserables, que día a día se derrumban y se hunden todavía más en su propia miseria, a pesar de los intentos de la comunidad internacional y en gran parte debido también a la enorme ignorancia de la sociedad occidental. Mientras, el indio lucha cada mañana por intentar despertarse de nuevo y ver un día más el sol, sin importarle mucho ni dónde ni cómo. Alguien dijo que a Occidente hay que predicarle espiritualidad y a la India trabajo. Parece que no iba muy descaminado.

@Doris Casares

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Supongo que dos días son casi suficientes para superar este primer shock cultural que supone visitar por primera vez un continente como el asiático a través de una puerta de entrada como India. Parece, además, que no hemos escogido la peor ciudad, ya que otras -como es el caso de Benarés- no sólo luchan diariamente contra la muerte sino que conviven con ella en sus calles, a través de rituales milenarios de incineración de cadáveres humanos y animales en las aguas sagradas del río Ganges. Lo más impactante que nos ha tocado vivir hasta ahora no pasa de la visión de cientos y cientos de cuerpos desnutridos pasando la noche en medio de calles sin asfaltar, olores impactantes que mezclan la putrefacción de la descomposición de alimentos o restos fecales con las frutas frescas, el curry y las especias, o vacas y cabras campando a sus anchas por las principales avenidas de Delhi -por denominarlas de alguna forma- mientras los expertos conductores de los rickshaws las sortean hábilmente como si de la más alta realeza de tratase, conduciendo a los turistas por menos de 50 céntimos de euro (unas 30 rupias indias) de un extremo al otro de la ciudad, y utilizando como único motor de este curioso vehículo su cuerpo desnutrido y falto de alimentos. Quizá no sea casualidad que la página web oficial del Ministerio de Turismo de India sea www.incredibleindia.org, ya que se trata de un país increíble y en todos los sentidos.

@Doris Casares

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Hoy nos confundieron con actores de Hollywood por la calle. Todos querían sacarse fotos con nosotros frente a la mezquita de Jama Masjid -la más grande de India, con capacidad para albergar a más de 25.000 fieles- desde un grupo de adolescentes indios hasta los padres que acercaban a sus niñas y las ponían en nuestro regazo para conseguir una instantánea tomada desde sus modestos móviles, que hacían las funciones de la cámara de fotos occidental. Una instantánea que para ellos seguramente valiese oro, para nosotros la sonrisa más barata del mundo.

@Doris Casares

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Así es un pedacito de India, así son sus gentes, amables y hospitalarias, espirituales y misteriosas, felices y a la vez contradictorias. Siempre atentas en todo momento a lo que el forastero, con lo poco que tienen para ofrecerle, pueda necesitar. Es duro verlo y más todavía vivirlo, pero es mucho más egoísta ignorarlo y pensar que en la distancia siempre estamos mejor. Caminando por las atestadas calles de la Vieja Delhi, en este viaje al interior de uno mismo, uno empieza a comprender la razón de ser de la existencia de figuras como Gandhi, la Madre Teresa de Calcuta o Nehru, personas que lo dieron todo en su vida por liberar a este pueblo de sus yugos ancestrales del pasado y a los que, a día de hoy, todavía el indio venera por todas las esquinas de sus humildes ciudades, siguiendo enormemente agradecido por sus esfuerzos de intentar lograr al menos un mundo un poco mejor.

@Doris Casares

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Nadie nos engañó ni nos dijo que se este fuese a ser un viaje fácil. Imposible ir en busca de la comodidad y mucho menos del lujo, sí de la experiencia y del descubrimiento de uno mismo a través de un país en el que, a medida que uno va profundizando, se va haciendo más enriquecedor y fascinante. Eso sí, no apto para materialistas ni para aventureros en busca de la forma de vida occidental. Estamos en Delhi, la puerta de entrada a India y a lo más profundo del ser humano.

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Sobre el autor

Doris

Muchas cosas no se pueden averiguar pensando, hay que vivirlas (Michael Ende)

Un comentario a “ Delhi, puerta de entrada a la India ”

  1. Realmente un viaje fascinante y sin dudas recomendable como destino exótico!
    El Fuerte Rojo, los distintos templos y por supuesto el Taj Mahal, dan cuenta de ello.
    Excelente relato, felicidades!
    Un saludo a todos.

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