Reconozco que el título de este post es algo tramposo, ya que es virtualmente imposible viajar sin algo de estrés. Y es normal, estamos ante una experiencia nueva, ante la incertidumbre de qué pasará en los próximos días. Para empezar, es rarísimo que todo en un viaje transcurra según lo planeado. De hecho, a menudo sucede que lo inesperado da paso después a algunas de las mejores anécdotas de nuestros viajes, aquellas situaciones que nos plantearon un reto, se transformaron en mini aventuras y que supimos resolver tan bien. Segundo, no todo el estrés es malo, ya que también nos mantiene atentos en momentos en que no tenemos margen para el error.
Por eso, hay un mínimo grado de estrés deseable, pero a partir de aquí hay otros muchos niveles de estrés que nos podemos ‘ahorrar’ ya que no nos aportan una mejor experiencia de viaje si no todo lo contrario: nos hacen estar tensos, de mal humor, nos ponen a la defensiva y protestones, y en definitiva nos hacen disfrutar menos del viaje. Veamos algunos consejos para mitigar este tipo de estrés negativo.












